Los beneficios de una educación de calidad

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Fuente texto e imagen: unicef.org – Junio 23 2017

Las inequidades que niegan a los niños el derecho a una educación de calidad desde la primera infancia hasta la adolescencia pueden atrapar a los jóvenes en empleos poco cualificados, mal remunerados e inseguros, una situación que frena el crecimiento económico y estimula la inequidad.

Los cambios demográficos ponen de relieve la importancia de educar a todos los niños, especialmente a los que han sido excluidos. En los próximos 15 años, la población de 15 a 24 años de edad aumentará en todo el mundo hasta llegar a casi 100 millones.

Si continúan las tendencias actuales hasta el año 2030, la educación de mala calidad y los altos niveles de inequidad en el acceso a la escuela, dos factores que comprometen las perspectivas de empleo en el futuro de los jóvenes y el crecimiento económico de sus países, pueden también amenazar la estabilidad y la cohesión social de estos últimos. De hecho, en muchos países de ingresos bajos y medianos, las crecientes disparidades en materia de educación entre los diferentes grupos sociales han agravado ya la probabilidad de que se produzcan conflictos.

Por el contrario, si esta población cada vez más creciente entra en la edad adulta con los conocimientos necesarios para establecer medios de vida seguros y tomar decisiones positivas, los efectos podrían tener un carácter transformador a escala social y económica.

Una educación equitativa y de buena calidad sirve para generar oportunidades y romper los ciclos intergeneracionales de la inequidad: como promedio, cada año adicional de educación que recibe un niño aumenta sus ganancias en aproximadamente un 10% cuando se convierte en adulto. Y por cada año adicional de escolarización de los jóvenes de un país, su tasa de pobreza se reduce en una media de un 9%. Los beneficios de la educación son más altos en los países de bajos ingresos y de ingresos bajos y medianos.

Algunos de los beneficios más elevados están asociados con la educación de las niñas. La escolarización capacita a las niñas más adelante en sus vidas para buscar una mejor atención de la salud durante el embarazo, el parto y en los primeros años de la vida de sus hijos. Los resultados se reflejan en unos niveles más bajos de mortalidad de menores de 5 años, una reducción de la fecundidad, una mejora en las prácticas de atención de la salud y un retraso en la edad en que se contrae matrimonio y se inicia la maternidad. Los niños –especialmente las niñas– de madres que han recibido una educación tienen más probabilidades de asistir a la escuela, lo que da como resultado la aparición de un ciclo de oportunidades que se extiende a lo largo de generaciones enteras. También hay pruebas de que la educación está asociada con mayores niveles de compromiso cívico y de participación en los procesos políticos.

La educación también puede ser una herramienta en la lucha contra determinadas violaciones de los derechos del niño, como el trabajo infantil, aunque poner fin a estas violaciones exige actuar en muchos frentes. Históricamente, el logro de la escolaridad obligatoria ha servido de impulso poderoso para acabar con el trabajo infantil. En los países que hoy en día son ricos, por ejemplo, este logro formó una parte esencial en el esfuerzo, en gran parte exitoso, encaminado a limitar la práctica del trabajo infantil a finales del siglo XIX y principios del XX. Respaldada por una combinación adecuada de medidas de lucha contra la pobreza y de estrategias para mejorar la calidad de las oportunidades de aprendizaje, la enseñanza obligatoria podría desempeñar un papel similar en la lucha por erradicar el trabajo infantil en los países de ingresos bajos, y de ingresos bajos y medianos, en el siglo XXI.

Los beneficios de la educación no son únicamente el producto de un aumento en los años de escolarización. Los resultados del aprendizaje también importan y tienen un efecto poderoso sobre las ganancias, la distribución del ingreso y el crecimiento económico a largo plazo. Si se pudiera educar en los países de ingresos bajos y medianos a todos los niños nacidos hoy en día para que alcanzaran un nivel básico de alfabetización y de aritmética, el PIB aumentaría 13 veces más durante el resto de sus vidas.

Las competencias básicas universales también pueden lograr que el crecimiento económico sea más inclusivo. Las disparidades en el acceso a una educación de calidad son uno de los elementos que determinan con más fuerza las disparidades en los ingresos a causa del efecto que el aprendizaje y las aptitudes tienen sobre la productividad, los salarios y el empleo. Reducir la brecha que existe en materia de aptitudes podría crear las condiciones para se produzcan unos patrones de crecimiento más equitativos, al mismo tiempo que incrementaría el volumen de la economía y reduciría la pobreza.

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