El cerebro en desarrollo: una ventana de oportunidad para el aprendizaje en los primeros años

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Fuente texto e imagen: unicef.org – Junio 16 2017

Mucho antes que el niño pise por primera vez un aula, las inequidades pueden dejar una impronta duradera en la arquitectura de su cerebro.

Investigaciones recientes acerca del desarrollo del cerebro arrojan nueva luz sobre la influencia formativa de las experiencias vividas en la primeria infancia. En los primeros años de vida, el cerebro del niño genera entre 700 y 1.000 nuevas conexiones neuronales por segundo, un ritmo que después decrece. Estas primeras conexiones son la base sobre la que se construyen las conexiones posteriores.

Los recientes estudios revelan que la nutrición, la atención de la salud y la interacción entre los niños y sus cuidadores pueden contribuir al desarrollo del cerebro durante la primera infancia. Las conversaciones, la repetición y la conexión de palabras en contextos significativos, además de una exposición temprana a la alfabetización por medio de la lectura y los juegos, se relacionan con el fomento de habilidades lingüísticas.

Por el contrario, la exposición frecuente en la primeria infancia a situaciones de estrés crónico como, por ejemplo, la privación nutricional y la violencia, puede afectar al niño dañando neuronas de zonas que están relacionadas con el aprendizaje y el desarrollo emocional. En otras palabras, estas privaciones afectan al desarrollo del cerebro. Las experiencias negativas en la vida de un niño a menudo se manifiestan más tarde en forma de dificultades en el aprendizaje, en el desarrollo emocional y en la gestión de la ansiedad.

Dado que los primeros años de vida de un niño afectan de manera tan notable al desarrollo del cerebro, la primera infancia ofrece una ventana de oportunidad fundamental para romper los ciclos intergeneracionales de inequidad. Los cuidados, la nutrición y la estimulación en la primera infancia pueden impulsar el desarrollo cerebral, fortalecer la capacidad de aprendizaje de los niños y fomentar su resistencia psicológica y su flexibilidad para adaptarse a los cambios.

Las intervenciones en los primeros años pueden incluso afectar al nivel de ingresos en el futuro. Hay investigaciones que demuestran, por ejemplo, que prevenir la subnutrición en la primera infancia deriva más adelante en la vida del niño en un aumento de sus ingresos por hora del 20% como mínimo.

Fuentes: El Banco Mundial, Informe del desarrollo mundial 2015: Mente, sociedad y conducta, Washington, D.C., 2015, Capítulo 5. Centro de Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard, ‘Brain Architecture’, , consultado el 15 de marzo de 2016.

 

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