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Derechos de los niños y principios empresariales

Fuente: responsabilidadsocial.mx – Agosto 11 2017

UNICEF, junto con Save the Children y el Pacto Mundial, desarrollaron diez principios empresariales, que permiten a las empresas identificar sus impactos directos e indirectos hacia la niñez.

Estos principios también sircen para reflexionar sobre las acciones que pueden implementar para respetar y promover los derechos de los niños en el lugar de trabajo, el mercado y la comunidad.

Las acciones para proteger los derechos de los niños, niñas y adolescentes, deben formar parte de las decisiones de todos los días.  Las empresas son una pieza fundamental por el impacto que tienen en la infancia y la adolescencia, así como por la influencia que ejercen dentro de su comunidad.  La posición de la empresa frente a la sociedad va más allá de lo comercial, se han convertido en incubadoras de esperanzas, generadoras de sueños y promotoras del desarrollo.

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¿De qué forma puede contribuir el sector privado al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible vinculados con la niñez?

Fuente texto e imagen: unicef.org – Agosto 04 2017

Las empresas tienen un enorme potencial para proteger y mejorar la vida de los niños, niñas y sus familias. En todo el mundo las empresas tienen impactos sobre los niños, intencionales y no intencionales, directos o indirectos, positivos o negativos, ya sea porque les proveen trabajo a sus madres y padres de familias, porque producen o comercializan productos que serán usados por niños, o porque afectan su entorno al estar cerca de escuelas o lugares de recreación y juego, entre otros.
La contribución a los ODS de las empresas, sectores de la industria, las cámaras que los representan y la comunidad empresarial, puede desarrollarse en dos ejes complementarios:

  • Respetando a los derechos de los niños, niñas y adolescentes (NNA)
  • Sumándose a los esfuerzos de gobierno y de la comunidad

1. Respetando a los derechos de los NNA

El principal rol de las empresas en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (OSD) es asegurar que sus actividades no generan impactos negativos. En efecto, como lo indican los Principios Empresariales y Derechos del Niño, las empresas afectan la vida y derechos de los NNA de múltiples formas: Cuando no permiten a los padres y madres de familia trabajar en espacios seguros y con condiciones dignas de contratación; cuando toleran la existencia del trabajo infantil en su empresa o en su cadena de valor; cuando no cuidan la seguridad de lo NNA dentro de las instalaciones de la empresa o en sus zonas de actividad; cuando crean productos y servicios riesgosos para los NNA y no protegen adecuadamente su uso; cuando generan mensajes y comunicación perjudiciales para los niños; así como en muchos otros aspectos.

Se invita entonces a las empresas, pero también a cámaras empresariales y otros actores del sector, a evaluar, en el marco de los ODS y con el apoyo de los Principios Empresariales y Derechos el Niño, de qué forma están afectando los derechos de los NNA, y buscar vías para resolver los principales impactos en sus derechos, los cuáles afectarán el cumplimiento de las metas de los ODS.

En la región de América Latina y el Caribe existen algunas áreas clave de impacto que vale la pena destacar aquí:

  • Una gran oportunidad para el sector privado es realizar estudios de debida diligencia para entender sus impactos. También existe la oportunidad de realizar estos mismos estudios antes de realizar proyectos o inversiones de gran escala, sean financiados por el mismo sector privado o por el gobierno.
  • Asegurar la implementación y el cumplimiento de las leyes que prohíben el trabajo infantil en la actividad empresarial formal y en la economía informal.
  • Garantizar que los empleos que proveen las empresas sean dignos; es decir, con retribución y protección adecuadas al nivel de vida y a los niveles de riesgo del lugar donde operan.
  • Apoyar a los padres y madres que trabajan, en particular durante los periodos de embarazo, lactancia y primera infancia, a través de políticas de no discriminación, flexibilidad de horarios, tiempos para atender la vida familiar e infraestructura (guarderías y sala de lactancia).
  • Prevenir el acceso de los niños a productos y servicios que pueden ser peligrosos, y protegerlos de productos que pueden afectarles como son alimentos y bebidas con altos contenidos calóricos o de la promoción de los sustitutos de la leche materna, los cuales desincentivan la lactancia materna.
  • Asegurar que no se consideren a las niñas, niños y adolescentes como consumidores y controlar el marketing y la publicidad hacia ellos.
  • Representar de manera positiva y digna a los niños, niñas y adolescentes en la publicidad.
  • Asegurar que existan procesos de consulta previa en mega proyectos de infraestructura, energía, agua y turismo, para evitar afectar la cultura, las tradiciones y economías de las comunidades locales, incluyendo la niñez.
  • Eliminar los riesgos de impacto ambiental de las empresas, los cuales afectan en primer lugar a las niñas, niños y adolescentes.
  • Asegurar que las empresas asuman su responsabilidad fiscal, la cual es la base del desarrollo, a través de infraestructura y programas de apoyo a la niñez.

2. Sumándose a los esfuerzos de gobierno y de la comunidad

Las empresas pueden jugar un papel muy relevante para apoyar el cumplimiento de los ODS en relación a la niñez. De la mano de los gobiernos, pero también con agencias de cooperación internacional y organizaciones del sector social, las empresas pueden identificar las principales lagunas en el cumplimiento de estos ODS que se alinean con los objetivos o fortalezas de la empresa. En un marco caracterizado por la disminución de la inversión en poblaciones vulnerables, las empresas pueden contribuir al cumplimiento de los ODS ligados a la niñez no sólo a través de su inversión social sino movilizando otros recursos propios (marketing, conocimientos, entre otros) y movilizando recursos de terceros actores para estos fines. Así, pueden determinar formas muy eficientes y de gran alcance para contribuir a estos objetivos.

Algunas líneas de contribución pueden ser:

Asignar el presupuesto de inversión de la empresa, a través de su área de Responsabilidad Social o fundación empresarial, para co-financiar iniciativas con fuerte potencial de impacto.

Desarrollar, junto con el gobierno y organizaciones, campañas de comunicación para el desarrollo, mediante las cuales la empresa puede aportar su experiencia en innovación, operación, comunicación y capacidad de llegar a población objetivo.

Utilizar el expertise de core business de la empresa para elaborar estrategias de abogacía, generar conocimiento y buenas practicas, y realizar esfuerzos de comunicación a escala hacia el resto del sector empresarial, con miras a promover el respeto y protección de los derechos de NNA.

 

 

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Salud infantil: un comienzo justo en la vida

Fuente texto e imagen: unicef.org – Julio 28 2017

Cuando se trata de hacer valer su derecho a sobrevivir y crecer, los niños de los hogares más pobres y desfavorecidos lo tienen todo en contra. Que un niño deba enfrentar una merma en sus posibilidades de sobrevivir o de gozar de una salud decente por razón de las circunstancias de su nacimiento es una injusticia flagrante y una vulneración de los derechos del niño. Además, es costoso en términos humanos, económicos, sociales y políticos. Si queremos lograr un progreso sostenible para los niños de hoy y para las generaciones futuras, es preciso centrarse en la equidad y en brindar a cada niño las mismas oportunidades. Llegar a los niños y niñas más marginados es más que un imperativo ético: es una condición previa para lograr los objetivos de 2030 sobre salud y bienestar de la infancia.

Las disparidades en la supervivencia y las perspectivas de salud de los niños de distintos entornos no son aleatorias. Son el reflejo sistemático de unas situaciones de desventaja social ligadas no sólo al nivel de ingresos sino también al origen étnico, al nivel educativo y a la diferencia entre las zonas rurales y urbanas, entre otros factores. Una de las lecciones más importantes que nos enseñan los esfuerzos realizados en los últimos 15 años por mejorar la salud infantil y materna, es que los enfoques que se centran en el progreso general no eliminan necesariamente las disparidades que sitúan a las mujeres y los niños más desfavorecidos en una situación de máximo riesgo. Pues incluso cuando los países más pobres han alcanzado un progreso considerable, las inequidades persisten. En lo que concierne a la supervivencia infantil, si bien la brecha absoluta ha disminuido de forma substancial desde 1990, se siguen registrando grandes inequidades entre los
países ricos y los países pobres.

Reducir los desfases entre los países ricos y pobres es uno de los principales desafíos de nuestro tiempo. El punto de partida para lograr este resultado de supervivencia infantil es procurar que, dentro de los países, las tasas de mortalidad entre los más pobres se equiparen a los niveles que registran los más ricos. Las perspectivas de supervivencia y salud de todos los niños de todas las sociedades, ricas y pobres, deberían mejorar tan rápido como se pueda. Pero son las perspectivas de los niños y niñas más rezagados las que precisan los avances más urgentes. En otras palabras, es necesario acelerar los logros para aquellos que enfrentan los mayores riesgos de muerte y enfermedad. Para que sea eficaz, el planteamiento en respuesta a este desafío deberá abordar los determinantes de la inequidad, en especial la pobreza, la discriminación y la disparidad en el acceso a servicios básicos.

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Llegar a todos los niños y niñas: La promesa de la equidad

Fuente texto e imagen: unicef.org – Julio 21 2017

La promesa de la equidad

Si se puede juzgar el alma de una sociedad por el modo en que trata a sus miembros más vulnerables, por una regla análoga se puede predecir el futuro de una sociedad –sus perspectivas de crecimiento sostenible, de estabilidad y de prosperidad compartida a largo plazo– por la medida en que brinda a cada niño una oportunidad justa en la vida. Dar a cada niño esa oportunidad justa es la esencia del progreso equitativo. Y tal como explica la edición del Estado Mundial de la Infancia de Unicef, promover la equidad es más que una obligación moral. Es un imperativo de orden práctico a la par que estratégico que contribuye a romper los ciclos intergeneracionales de desventaja, reduciendo así las inequidades que socavan todas las sociedades.

Todos los niños y niñas nacen con el mismo derecho inalienable a gozar de un comienzo saludable en la vida, de una educación y de una infancia segura y protegida; en suma, de todas las oportunidades básicas que se traducen en una vida adulta productiva y próspera. Pero en todo el mundo hay millones de niños a los que se priva de sus derechos y de todo lo que precisan para crecer sanos y fuertes, debido a su lugar de nacimiento, a su origen familiar, a su raza, a su etnicidad o a su género, o porque viven en la pobreza o padecen una
discapacidad.

¿Cómo se manifiestan estas privaciones en la vida de un niño, en su progresión hacia la edad adulta?

El niño al que se priva de atención postnatal puede que no sobreviva a sus primeros días. El niño al que se priva de inmunizaciones o de agua potable puede que no llegue a su quinto cumpleaños o que tenga una salud precaria en su vida. El niño al que se priva de una nutrición puede que no alcance nunca el pleno desarrollo de sus capacidades físicas o cognitivas, lo que limitará sus posibilidades de aprender y de ganarse la vida. El niño al que se priva de una educación de calidad puede que no adquiera nunca las habilidades que precisa para tener éxito en el mundo laboral en el futuro o para poder enviar a sus propios hijos a la escuela. Y el niño al que se priva de protección –frente al conflicto, la violencia o el maltrato, frente a la explotación y la discriminación, frente al trabajo infantil, o el matrimonio prematuro y la maternidad precoz– puede que cargue de por vida con secuelas físicas y emocionales que tendrán profundas consecuencias.

¿Cómo se manifiestan estas inequidades en los países y las comunidades donde crecen estos niños?

Los indicios están por todas partes, en forma de ciclos de privación que se transmiten de una generación a otra, afianzando la inequidad que amenaza a las sociedades de todo el mundo. Los niños que no tienen la oportunidad de cultivar las destrezas que necesitan para competir
como adultos, no pueden romper estos ciclos viciosos en sus propias vidas, ni proporcionar tampoco a su progenie la oportunidad de alcanzar el pleno desarrollo de sus posibilidades. Las sociedades en que viven quedan también privadas de la contribución plena que estos niños podrían haber hecho. Si no se abordan, las diferencias aumentarán y los ciclos se tornarán más brutales, afectando a más niños. Esto es especialmente cierto en un mundo cada vez más desgarrado por los conflictos violentos, las crisis crónicas y otras emergencias humanitarias causadas por los desastres naturales y por los efectos crecientes del cambio climático, todos los cuales afectan a la infancia de forma desproporcionada, pero sobre todo a los niños y niñas más desfavorecidos y vulnerables. Por tanto, el llamamiento a la acción que hace el informe del Estado General de la Infancia de Unicef  viene motivado por una sensación de urgencia y por la convicción de que es posible lograr otro tipo de resultados y, por ende, un mundo mejor. Los niños que nacen en la pobreza y la privación no están condenados a una vida de desesperanza. La inequidad no es inevitable si los gobiernos invierten en ampliar las oportunidades para todos los niños y niñas, modificando las políticas, la programación y las prioridades de inversión pública a fin de que los más desfavorecidos puedan ponerse a la altura de los más aventajados.
La buena noticia es que existen métodos más eficaces –y más rentables– de llegar a los niños, las familias y las comunidades más inaccesibles. Las nuevas tecnologías, la revolución digital, los innovadores mecanismos para financiar intervenciones fundamentales y las iniciativas encabezadas por los ciudadanos están ayudando a impulsar el cambio en pro de los más desfavorecidos. Invertir en estas intervenciones e iniciativas y alimentar estos movimientos emergentes fructificará en beneficios a corto y largo plazo para millones de niños y para las sociedades en que viven.
La aritmética de la equidad es relativamente sencilla, y es un juego donde siempre ganan todos. Todo el mundo debe progresar, tanto en los países ricos como en los pobres. Pero si dedicamos más recursos y mayores esfuerzos a llegar a los niños y familias que menos han progresado, los avances en materia de supervivencia, salud y educación infantil pueden compartirse de forma más ecuánime en beneficio de todos. Para lograr nuestros objetivos de desarrollo mundial, primero tenemos que invertir en los niños y niñas que están más rezagados. Invertir en los más desfavorecidos no sólo es correcto en principio; las pruebas demuestran que también lo es en la práctica. En un estudio realizado en 2010, UNICEF demostró que un enfoque centrado en la equidad permitiría avanzar hacia los objetivos mundiales de salud con mayor rapidez que por la senda actual, e indicó también que resultaría especialmente rentable en los países de bajos ingresos y alta mortalidad. Este estudio consistía en una simulación de dos situaciones hipotéticas para comprobar su eficacia en lo que respecta a la consecución de los objetivos de salud materna e infantil. Uno de los métodos ponía el acento en aumentar los esfuerzos para llegar a los niños en peor situación. El otro era un método tradicional en el que no se hacía especial hincapié en los más desfavorecidos.
Se llegó a dos conclusiones fundamentales. En primer lugar, al abordar la concentración de varias formas de inequidad en las poblaciones más desfavorecidas, el enfoque de la equidad acelera el progreso hacia los objetivos de salud más rápidamente que el método tradicional. En segundo lugar, al evitar más muertes con la misma inversión económica, el enfoque de la equidad resultaba notablemente más rentable y sostenible que la alternativa. Así pues, invertir en equidad no es sólo una necesidad moral: es también un imperativo de orden práctico y estratégico.

 

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¿Cuál es la importancia de la educación infantil?

Fuente texto e imagen: eacnur.org – Julio 14 2017

La infancia, especialmente los primeros años, es la etapa que más influencia tiene en nuestra vida. En ella se sientan las bases de lo que más adelante seremos como adultos y en ella adquirimos los valores y los principios que determinarán nuestra conducta, tanto en el plano individual como en el social.

Es el momento de nuestra vida en que, entre otras cosas, nos apropiamos del lenguaje y de los códigos sociales con los que convivimos y, sobre todo, nos aproximamos a la cultura en la que estamos inmersos.

De ahí la importancia de la educación infantil, que no solo debe entenderse como una obligación o un requisito previo a una determinada opción laboral o profesional, sino más bien como una herramienta para la formación de personas independientes, autosuficientes y con criterios de actuación propios.

Valores y funciones: importancia de la educación infantil

La importancia de la educación infantil radica sobre todo en su funcionalidad, es decir, en lo que aporta a los niños para la formación de su carácter, su identidad, su personalidad y, más adelante, su perfil profesional.

Por ello, debe ir acompañada de ciertos valores, características coyunturales y acciones complementarias que refuercen este rol. Algunos puntos esenciales en este sentido son:

  • La guía y el acompañamiento de los padres y los tutores.
  • Una alimentación y nutrición adecuadas.
  • Ambientes participativos, democráticos y en los que predominen valores como la igualdad, el respeto, la solidaridad y la convivencia.
  • El juego como herramienta de representación y comprensión de la realidad.
  • El fomento del compromiso social y la participación en la vida de la comunidad.
  • La transmisión de conocimientos de calidad y útiles para la cotidianidad.

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¿Cuál es el impacto de la actividad empresarial en la vida de las niñas y niños?

Fuente texto e imagen: unicef.org – Julio 07 2017

Las empresas tienen un enorme potencial para promover los derechos de los niños en el ejercicio de su actividad empresarial. Todas las empresas, grandes y pequeñas, de todos los sectores tienen un impacto sobre la vida de los niños y niñas. El modo en que producen y comercializan sus productos o proporcionan sus servicios, la importante influencia en el desarrollo económico y social del país les convierte en actores fundamentales en la protección de los derechos de los niños y niñas.

Pero en sentido contrario, algunas políticas o prácticas empresariales pueden causar daños irreversibles sobre los niños y niñas y amenazar su desarrollo, incluso su supervivencia.

¿Cuál es el impacto de la actividad empresarial en la vida de las niñas y niños?

Los niños son hijas e hijos de trabajadores de las empresas, son consumidores, observan la publicidad y viven en comunidades junto a las instalaciones de las empresas. Así distinguimos tres ámbitos donde las prácticas empresariales pueden impactar en los derechos de las niñas y niños y éstos son algunos de los puntos clave:

En el lugar de trabajo: la eliminación del trabajo infantil, la implantación de lactarios que permitan la continuidad en la lactancia materna al menos hasta los 6 primeros meses del bebé, mediante un trabajo digno para jóvenes trabajadores, padres y cuidadores, con jornadas de trabajo que permitan la conciliación familiar y laboral, con la protección y seguridad necesarias en las instalaciones de la empresa si las niñas y niños viven allí, etc.

En el mercado: mediante una adecuada fabricación de productos para la protección de la niñez, con el uso del mercadeo y publicidad responsables cuando los protagonistas son las niñas y niños o cuando se dirigen a ellos, etc.

En la comunidad y medioambiente: con la debida protección del medio ambiente, mediante la solidaridad con las comunidades donde operan, aportando soluciones de apoyo para casos de emergencia, etc.

Los Derechos del Niño y Principios Empresariales

UNICEF, junto al Pacto Mundial de Naciones Unidas y Save the Children, ha desarrollado los Derechos del Niño y Principios Empresariales con el objetivo de facilitar el compromiso de las empresas con la infancia.

Los Principios Empresariales identifican las acciones que las empresas deben llevar a cabo para prevenir los impactos negativos sobre los niños y las medidas voluntarias que pueden adoptar para promover los derechos de la infancia en su actividad directa, su cadena logística y las comunidades.

Los Principios Empresariales no crean nuevas obligaciones para las empresas sino que se basan en estándares ya existentes como la Convención sobre los Derechos del Niño, los Convenios de la OIT, el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, las Líneas Directrices para Empresas Multinacionales de la OCDE, la normativa ISO 26000, la Global Reporting Initiative (GRI) y los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

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Erradicar la malnutrición puede ayudar a romper el ciclo de las oportunidades desiguales

Fuente texto e imagen: unicef.org – Junio 30 2017

En 2014 había 159 millones de niños menores de 5 años que padecían retraso en el crecimiento. Otros 41 millones de niños menores de 5 años padecían sobrepeso; y la cifra sigue aumentando. El retraso en el crecimiento y otras formas de subnutrición reflejan inequidades sociales: el retraso en el crecimiento puede servir como indicador de la pobreza.

Erradicar la malnutrición en los niños de corta edad comportaría varios beneficios. Podría mejorar el nivel medio escolar con un ahorro de al menos un año de escolarización; disminuir la pobreza; empoderar a las mujeres; y, a su vez, romper el ciclo generacional de la pobreza.

Todo el mundo tiene derecho a los alimentos y a una buena nutrición. La realización de este derecho es fundamental para satisfacer los derechos de la infancia, en especial el derecho a gozar de una buena salud, que es un requisito previo para gozar de otras oportunidades en la vida.

Ese es el principio que inspira el movimiento SUN para el fomento de la nutrición, que congrega a gobiernos, la sociedad civil, las Naciones Unidas, donantes, empresas y científicos con el propósito de erradicar todas las formas de malnutrición por medio de procesos que dirigen los propios países. Los países integrantes de SUN trabajan para incrementar el acceso a unos alimentos asequibles y nutritivos, así como la demanda de éstos.

Para marzo de 2016 se habían sumado a la iniciativa SUN 56 países. Esto significa que el movimiento SUN tiene la posibilidad de llegar a 82,2 millones de niños.

En el Perú, el programa nacional “Incluir para Crecer” se centra en los niños y las mujeres embarazadas de las zonas más pobres con el propósito de mitigar las inequidades sociales y la pobreza, a fin de combatir la malnutrición y promover el desarrollo. Desde 2006, el retraso en el crecimiento ha descendido a la mitad, desde aproximadamente el 30% registrado entre 2004 y 2006 hasta el 15% en 2014. La prevalencia del retraso en el crecimiento entre los niños de los hogares más pobres disminuyó desde el 54% al 34% durante el mismo periodo de tiempo.

Fuente: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Mejorar la nutrición infantil: el imperativo para el progreso mundial que es posible lograr, UNICEF, Nueva York, 2013, y base de datos de UNICEF sobre la nutrición mundial, 2016.

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Los beneficios de una educación de calidad

Fuente texto e imagen: unicef.org – Junio 23 2017

Las inequidades que niegan a los niños el derecho a una educación de calidad desde la primera infancia hasta la adolescencia pueden atrapar a los jóvenes en empleos poco cualificados, mal remunerados e inseguros, una situación que frena el crecimiento económico y estimula la inequidad.

Los cambios demográficos ponen de relieve la importancia de educar a todos los niños, especialmente a los que han sido excluidos. En los próximos 15 años, la población de 15 a 24 años de edad aumentará en todo el mundo hasta llegar a casi 100 millones.

Si continúan las tendencias actuales hasta el año 2030, la educación de mala calidad y los altos niveles de inequidad en el acceso a la escuela, dos factores que comprometen las perspectivas de empleo en el futuro de los jóvenes y el crecimiento económico de sus países, pueden también amenazar la estabilidad y la cohesión social de estos últimos. De hecho, en muchos países de ingresos bajos y medianos, las crecientes disparidades en materia de educación entre los diferentes grupos sociales han agravado ya la probabilidad de que se produzcan conflictos.

Por el contrario, si esta población cada vez más creciente entra en la edad adulta con los conocimientos necesarios para establecer medios de vida seguros y tomar decisiones positivas, los efectos podrían tener un carácter transformador a escala social y económica.

Una educación equitativa y de buena calidad sirve para generar oportunidades y romper los ciclos intergeneracionales de la inequidad: como promedio, cada año adicional de educación que recibe un niño aumenta sus ganancias en aproximadamente un 10% cuando se convierte en adulto. Y por cada año adicional de escolarización de los jóvenes de un país, su tasa de pobreza se reduce en una media de un 9%. Los beneficios de la educación son más altos en los países de bajos ingresos y de ingresos bajos y medianos.

Algunos de los beneficios más elevados están asociados con la educación de las niñas. La escolarización capacita a las niñas más adelante en sus vidas para buscar una mejor atención de la salud durante el embarazo, el parto y en los primeros años de la vida de sus hijos. Los resultados se reflejan en unos niveles más bajos de mortalidad de menores de 5 años, una reducción de la fecundidad, una mejora en las prácticas de atención de la salud y un retraso en la edad en que se contrae matrimonio y se inicia la maternidad. Los niños –especialmente las niñas– de madres que han recibido una educación tienen más probabilidades de asistir a la escuela, lo que da como resultado la aparición de un ciclo de oportunidades que se extiende a lo largo de generaciones enteras. También hay pruebas de que la educación está asociada con mayores niveles de compromiso cívico y de participación en los procesos políticos.

La educación también puede ser una herramienta en la lucha contra determinadas violaciones de los derechos del niño, como el trabajo infantil, aunque poner fin a estas violaciones exige actuar en muchos frentes. Históricamente, el logro de la escolaridad obligatoria ha servido de impulso poderoso para acabar con el trabajo infantil. En los países que hoy en día son ricos, por ejemplo, este logro formó una parte esencial en el esfuerzo, en gran parte exitoso, encaminado a limitar la práctica del trabajo infantil a finales del siglo XIX y principios del XX. Respaldada por una combinación adecuada de medidas de lucha contra la pobreza y de estrategias para mejorar la calidad de las oportunidades de aprendizaje, la enseñanza obligatoria podría desempeñar un papel similar en la lucha por erradicar el trabajo infantil en los países de ingresos bajos, y de ingresos bajos y medianos, en el siglo XXI.

Los beneficios de la educación no son únicamente el producto de un aumento en los años de escolarización. Los resultados del aprendizaje también importan y tienen un efecto poderoso sobre las ganancias, la distribución del ingreso y el crecimiento económico a largo plazo. Si se pudiera educar en los países de ingresos bajos y medianos a todos los niños nacidos hoy en día para que alcanzaran un nivel básico de alfabetización y de aritmética, el PIB aumentaría 13 veces más durante el resto de sus vidas.

Las competencias básicas universales también pueden lograr que el crecimiento económico sea más inclusivo. Las disparidades en el acceso a una educación de calidad son uno de los elementos que determinan con más fuerza las disparidades en los ingresos a causa del efecto que el aprendizaje y las aptitudes tienen sobre la productividad, los salarios y el empleo. Reducir la brecha que existe en materia de aptitudes podría crear las condiciones para se produzcan unos patrones de crecimiento más equitativos, al mismo tiempo que incrementaría el volumen de la economía y reduciría la pobreza.

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El cerebro en desarrollo: una ventana de oportunidad para el aprendizaje en los primeros años

Fuente texto e imagen: unicef.org – Junio 16 2017

Mucho antes que el niño pise por primera vez un aula, las inequidades pueden dejar una impronta duradera en la arquitectura de su cerebro.

Investigaciones recientes acerca del desarrollo del cerebro arrojan nueva luz sobre la influencia formativa de las experiencias vividas en la primeria infancia. En los primeros años de vida, el cerebro del niño genera entre 700 y 1.000 nuevas conexiones neuronales por segundo, un ritmo que después decrece. Estas primeras conexiones son la base sobre la que se construyen las conexiones posteriores.

Los recientes estudios revelan que la nutrición, la atención de la salud y la interacción entre los niños y sus cuidadores pueden contribuir al desarrollo del cerebro durante la primera infancia. Las conversaciones, la repetición y la conexión de palabras en contextos significativos, además de una exposición temprana a la alfabetización por medio de la lectura y los juegos, se relacionan con el fomento de habilidades lingüísticas.

Por el contrario, la exposición frecuente en la primeria infancia a situaciones de estrés crónico como, por ejemplo, la privación nutricional y la violencia, puede afectar al niño dañando neuronas de zonas que están relacionadas con el aprendizaje y el desarrollo emocional. En otras palabras, estas privaciones afectan al desarrollo del cerebro. Las experiencias negativas en la vida de un niño a menudo se manifiestan más tarde en forma de dificultades en el aprendizaje, en el desarrollo emocional y en la gestión de la ansiedad.

Dado que los primeros años de vida de un niño afectan de manera tan notable al desarrollo del cerebro, la primera infancia ofrece una ventana de oportunidad fundamental para romper los ciclos intergeneracionales de inequidad. Los cuidados, la nutrición y la estimulación en la primera infancia pueden impulsar el desarrollo cerebral, fortalecer la capacidad de aprendizaje de los niños y fomentar su resistencia psicológica y su flexibilidad para adaptarse a los cambios.

Las intervenciones en los primeros años pueden incluso afectar al nivel de ingresos en el futuro. Hay investigaciones que demuestran, por ejemplo, que prevenir la subnutrición en la primera infancia deriva más adelante en la vida del niño en un aumento de sus ingresos por hora del 20% como mínimo.

Fuentes: El Banco Mundial, Informe del desarrollo mundial 2015: Mente, sociedad y conducta, Washington, D.C., 2015, Capítulo 5. Centro de Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard, ‘Brain Architecture’, , consultado el 15 de marzo de 2016.

 

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El estado mundial de la infancia

Fuente texto e imagen: unicef.org – Junio 9 2017

La inequidad pone en peligro a millones de niños y amenaza el futuro del mundo.

Si echamos un vistazo al mundo de hoy, tenemos que enfrentarnos a una verdad incómoda pero innegable: las vidas de millones de niños están malogradas por el solo hecho de haber nacido en un país, en una comunidad, con un género o en determinadas circunstancias.

A menos que aceleramos el ritmo para llegar a ellos, el futuro de millones de niños desfavorecidos y vulnerables –y, por tanto, el futuro de sus sociedades– se encuentra en peligro.

Incluso antes de venir al mundo, la inequidad configura a menudo las posibilidades vitales de los niños pobres y excluidos. Las desventajas y la discriminación contra sus comunidades y sus familias contribuirán a determinar si sobreviven o mueren, o si tienen una posibilidad de aprender y ganar más tarde un salario decente. Los conflictos, las crisis y los desastres relacionados con el clima profundizan sus privaciones y reducen su potencial. Pero esto no tiene por qué ser así. El mundo ha logrado enormes progresos para reducir la mortalidad infantil, para enviar a los niños y niñas a la escuela y sacar a millones de la pobreza. Muchas de las intervenciones que respaldan estos progresos –como las vacunas, las sales de rehidratación oral y una mejor nutrición– han resultado prácticas y eficaces con respecto a su costo. El incremento de la tecnología digital y móvil, y otras innovaciones, han facilitado y hecho más rentable la tarea de prestar servicios fundamentales en comunidades de difícil acceso, y de ampliar las oportunidades para los niños y las familias que se encuentran en una mayor situación de riesgo.

En gran parte, los obstáculos para llegar a estos niños no son de naturaleza técnica. Son una cuestión vinculada con el compromiso político. Son una cuestión de recursos. Y también son una cuestión de voluntad colectiva –unir las fuerzas para abordar de frente la inequidad y la desigualdad concentrando una mayor inversión y esfuerzo en la labor de llegar a los niños que han quedado atrás.

La hora de actuar es ahora mismo. Porque si no aceleramos nuestros progresos, para 2030:

• Casi 70 millones de niños y niñas podrían morir antes de cumplir cinco años, 3,6 millones solamente en 2030, el plazo para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenibles.

• Más de 60 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria estarán sin escolarizar, prácticamente el mismo número de los que no van a la escuela hoy en día.

• Unos 750 millones de mujeres habrán contraído matrimonio siendo niñas aún.

Estas grandes inequidades y peligros son algo más que una violación de los derechos y una amenaza para el futuro de todos y cada uno de los niños. Perpetúan los ciclos intergeneracionales de desventaja y desigualdad que menoscaban la estabilidad de las sociedades e incluso la seguridad de los países en todas partes.

Más que nunca, debemos reconocer que el desarrollo es solamente sostenible si lo pueden llevar a cabo –sostenerlo– las generaciones futuras. Tenemos la oportunidad de sustituir los ciclos viciosos con ciclos virtuosos por los cuales los niños pobres de hoy en día –si se les ofrece la posibilidad de disfrutar de la salud, la educación y la protección contra el peligro– podrán, cuando sean adultos, competir en un mayor plano de igualdad con los niños que proceden de entornos más prósperos. Esto no solamente llevará a que sus propias vidas sean mejores, sino también a que sus sociedades sean más ricas en todos los sentidos de la palabra.

Porque cuando ayudamos a un niño a tener acceso a los medicamentos y la nutrición que necesita para crecer sano y fuerte, no solamente aumentamos sus posibilidades en la vida, también reducimos los costos económicos y sociales relacionados con la mala salud y la baja productividad.

Cuando educamos a una niña, no solamente le proporcionamos las herramientas y el conocimiento para tomar sus propias decisiones y configurar su propio futuro, también contribuimos a aumentar el nivel de vida de su familia y de su comunidad.

Cuando proporcionamos educación, refugio y protección a los niños atrapados en los conflictos, contribuimos a restañar sus corazones y sus mentes, para que de este modo algún día tengan la capacidad y el deseo de contribuir a reconstruir sus países.

El informe Estado mundial de la infancia 2016 – Unicef – concluye con cinco modos de reforzar nuestra labor, aprovechando lo que hemos aprendido durante los últimos 25 años y lo que todavía estamos aprendiendo: aumentar la información sobre todos aquellos que han quedado rezagados. Integrar nuestros esfuerzos en varios sectores para abordar las privaciones múltiples que impiden el progreso de tantos niños. Innovar para acelerar los progresos e impulsar cambios en favor de los niños y las familias más excluidos. Invertir en la equidad y encontrar nuevos caminos para financiar los esfuerzos destinados a llegar a los niños y niñas más desfavorecidos. E incorporar a todo el mundo, comenzando por las propias comunidades, y continuando por las empresas, las organizaciones y los ciudadanos del mundo que crean que podemos cambiar los resultados en favor de millones de niños.

Podemos hacerlo. La inequidad no es inevitable. La inequidad es una elección. Promover la equidad –una oportunidad justa para todos y cada uno de los niños y niñas– es también una elección. Una elección que podemos tomar y que debemos tomar. En favor de su futuro, y del futuro de nuestro mundo.

Anthony Lake Director Ejecutivo, UNICEF

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